Es uno de los nombres de moda en la NBA, y no sólo porque esté jugando bien (que también), sino por la exhibición atlética que nos mostró en el concurso de mates. Para muchos, (servidor se incluye aquí) fue el verdadero ganador de tal concurso. No es que los mates de LaVine estuvieran mal, Dios me libre de tal comparación, simplemente los de Gordon eran de mejor 50 que los 50 de Zach. El mate pasándose el balón por debajo de ambas piernas y saltando por encima de Stuff (la mascota de los Magic) quedará para siempre en nuestras retinas. ¿El mejor mate de la historia en un concurso? No sé, puede, pero sí que queda claro que a partir de ahí el nombre de Aaron Gordon empezó a fraguarse entre los seguidores no tan habituales a la NBA. En fin, vayamos al tema. Gran matador, con un físico descomunal pero Gordon (20 años, no olvidemos), prometía, promete y prometerá grandes cosas en la NBA.

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Su exhibición en el concurso le valió como escaparate (Foto: Getty Images)

El Nuevo Blake Griffin

El nuevo Blake Griffin decían de él en el instituto. Parecía una comparación acertada. Por físico, por la forma de machacar (por aquel entonces, el amigo Blake no era el jugador completo que es ahora) y, por qué no, por el color de piel. Un jugador de piel blanca (el padre es afroamericano y la madre es blanca), con facciones de negro que vuela y juega como un negro. Parecía lícito. Promediando dobles-dobles en cada uno de los cuatro años de instituto, Gordon llamó la atención de los scouts desde el primer día en el Archbishop Mitty High School. Su estilo de juego, agresivo y completo, le hacía sumar números con gran facilidad y era común verle coger un rebote defensivo y acabar él mismo la jugada con un mate en coast to coast. En su año Junior en el instituto (el tercero), Gordon elevó sus promedios hasta los 22.9 puntos, 12.8 rebotes y 2.3 tapones siendo elegido Mr. Basketball State Player of the year. Los mix en Youtube de Aaron con 16 años ya empezaban a ser virales y en su año senior acabaron de triunfar: 21.6 puntos, 15.7 rebotes y 3.3 tapones junto a un recital de mates y un físico que no parecía tener 17-18 años. Facilidad para poner el balón en el suelo y contundencia y espectacularidad en la finalización. ESPN le colocó en el #4 de su ranking de jóvenes que daban el salto a la universidad del país y, obviamente, le llegaron ofertas de buenas universidades: Kentucky, Oregon, Washington y Arizona, inclinándose por la última justo antes de jugar el McDonalds All-American Game, que a la postre se convirtió en el MVP del partido. Durante ese verano, Gordon representó a USA en el FIBA-U19 promediando 16.2 puntos y 6.2 rebotes en 18 minutos de juego (siempre saliendo desde el banquillo). Exhibición que unos meses después le valió para ser nombrado USA Basketball Player of the Year. Contextualizamos: galardón que un año antes había ganado LeBron James (por su exhibición en los JJ.OO) y un año después ganaría Kyrie Irving (por su recital en el Mundial de España).

La universidad

Finalizada su etapa de instituto, Gordon empezó su aventura NCAA con los Wildcats de Arizona. Las expectativas eran enormes. Los entrenadores de otras universidades se rendían a Aaron antes incluso de iniciar la temporada universitaria. “Es un monstruo”, decía Mike Montgomery, entrenador de la Universidad de California. Lorenzo Romar, entrenador de Washington (universidad que intentó reclutarle) elogiaba su ambición: “Es un jugador especial. Es uno de esos extraños casos que juegan en la universidad, que poseen un grandísimo talento y un excelente físico y que además son ambiciosos en lograr a ser el mejor jugador posible”. Y es que Gordon siempre decía que para triunfar hay que llegar a ser el mejor. “No se trata de llegar a la NBA, se trata de ser el mejor en la NBA”, explica el jugador como forma de vida. ¿Se tiró a la piscina? Sí, pero eso le obliga a seguir trabajando y mejorando como jugador para intentar llegar a su límite.

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Gordon celebrando un mate con Arizona (Foto: Tyler Baker / The Daily Wildcat)

Primer partido oficial NCAA para Gordon y primer doble-doble. 13 puntos,10 rebotes y 4 tapones contra Cal Poly para sumar la primera victoria de la temporada. Su tope anotador llegaría meses más tarde, contra Colorado. Gordon sumó 23 puntos (8/11 en tiros de dos) y 8 rebotes. Pero estadísticas aparte, lo que aportaba AG en ese equipo iba más allá de unos simples números. Intangibles, intensidad, defensa, cualidades que ya se veían en el instituto pero que quedaban eclipsadas por sus números y sus mates. Arizona acabó aquel año con un récord global de 33-5 (dominando con un 15-3 en la Pac-12) y con serias aspiraciones en el Madness. Después de eliminar a Weber State, Gonzaga y San Diego State en el torneo final, cayeron frente a la Wisconsin de Frank Kaminsky en el Elite Eight. Gordon acabó su primer (y único) año universitario con unos promedios de 12.4 puntos y 8 rebotes. ¿La laguna? Un paupérrimo 42% en tiros libres. Nombrado mejor freshman de la Pac-12 y en el mejor quinteto de la Pac-12, Aaron decidió presentarse al draft con tan solo 18 años. La decisión ya estaba tomada y su entrenador en Arizona, Sean Miller, ya avisó de su gen competitivo: “Es el jugador más joven del draft, pero es más maduro que muchos otros. Ha ganado en cada equipo con el que ha estado y sabe lo que hay que trabajar para ello”. Miller destacó su profesionalismo durante su paso por Arizona: “Siempre está pendiente de ayudar a cualquier miembro del equipo, es un gran compañero y un excelente trabajador. Actúa como un verdadero profesional”. Con estas referencias, las estadísticas y los intangibles, Gordon fue subiendo en los mocks del draft de 2014 hasta situarse entre el pick 5-10. Eso sí, el tema sobre el nuevo Blake Griffin quedaba zanjado. Gordon no era Blake. A diferencia de AG, el actual jugador de los Clippers estuvo dos años en la universidad. En su primer año sus promedios podían llegar a parecerse a los de Gordon (14 puntos y 9 rebotes), pero en su segunda (y última) temporada en Oklahoma promedió 22 puntos y 14 rebotes. Fue nombrado AP Player of The Year y galardonado con el premio Naismith. Gordon, pues, no era Griffin. Pero seguía siendo un diamante en bruto.

Llegó la noche del draft. Quizá fue sorpresa, quizá no, pero Aaron fue drafteado en el #4 por los Magic, solo un pick antes de lo que pronosticaban DraftExpress o Nbadraft.net. Todos esperaban la elección de Dante Exum, toda una incógnita de lo que podría ser en la NBA, pero Orlando se decantó por el Wildcat. Potencial increíble y físico privliegiado (39 pulgadas de salto vertical en el Draft Combine). Algunos lo celebraron, otros abuchearon. Pero Gordon ya estaba en la NBA. Junto a él, le acompañó Elfrid Payton (elegido en el #10 por los Sixers pero traspasado minutos después a Orlando a cambio de Dario Saric y futuras segundas rondas del draft). Los Magic, tras el adiós de Howard, por fin tenían un proyecto y una base sobre la que construir; ya que recordemos, un año antes habían drafteado a Victor Oladipo.

Y llegó la NBA

Su primer año en la mejor liga del mundo no fue el soñado. A Gordon le costó encontrar su sitio. Aquel joven físico que le había servido para dominar en el instituto y en la NCAA necesitaba de algo más para poder triunfar en el más alto nivel. La confianza en sus penetraciones y en su bote (fácilmente apreciables en los videos de High School) eran nulas. Sus minutos en pista fueron menguando y luego llegó la lesión. En su décimo partido en la NBA, se fracturó el quinto metarsiano de su pie izquierdo. Baja indefinida. Hasta la fecha, el rookie promediaba unos discretos 5.8 puntos y 3 rebotes en 15 minutos de juego. Lejos, muy lejos de lo que se esperaba de él. Volvió en enero, dos meses después de conocerse la baja, pero su aportación no parecía aumentar. En los últimos partidos de la temporada regular se vio un pequeño destello de lo que podía llegar a ser Gordon. Sus minutos aumentaron y junto a ello su energía. Si bien no destacó en números (5.2 puntos y 3.6 rebotes en 17 minutos), sí que los aficionados y la prensa pudieron observar lo que tenían entre manos. En Bleacher Report destacaron que, pese a no tener una gran temporada rookie, Aaron iba en la buena dirección. James Borrego, entrenador interino de los Magic, también avisó de su peligro: “Coge rebotes donde la mayoría de jugadores de esta liga no pueden llegar. Se ha sentido más cómodo en estos últimos días, sabe lo que queremos de él y ha aprendido a trabajarlo. Es maravilloso verle evolucionar tan rápido”.

Acabada la temporada regular, Gordon decidió trabajar uno de los puntos en los que flojeaba y que, además, le vendrían muy bien a la franquicia de Florida: el tiro. El ex de Arizona acabó su año rookie con un 27% en triples. Eso sí, mejoró exponencialmente su tiro libre (pasó del 42% en NCAA al 72% en la NBA). Aaron pasó parte de la post-temporada con Dave Love para practicar el tiro, corregir la mecánica y ganar efectividad. “No hay nada malo en trabajar con un entrenador de tiro. He estado esperando toda mi vida para tener un entrenador de tiro como los que hay en la NBA. Ahora estoy aprendiendo a tirar como un profesional”, confesaba AG.

Llegaba la segunda temporada en la mejor liga del mundo. Gordon empezaba desde el banquillo, pero mucho más suelto que en su primer año. 7 puntos y 5 rebotes fueron sus promedios en noviembre. Pero se veían picos que no se alcanzaron en toda la temporada anterior. 15 puntos en 18 minutos contra los Thunder o 19 puntos y 8 rebotes contra Houston. Y, como siempre, además de las stats, la energía, el carácter y la polivalencia defensiva, capaz de defender a aleros y ala-pívots. Llegó la lesión de Tobias Harris (forward titular), que obligó a Scott Skiles a reorganizar su quinteto poniendo a AG como ala-pívot en el cinco inicial. Y es ahí donde se ha visto el verdadero potencial de Gordon. Suelto, desembocado, con una energía que contagia al resto y con la defensa que quiere Skiles. Nos hemos deleitado con acciones suyas que no se veían desde la NCAA o High School; coast to coast, defensas asfixiantes con robos de balón que acaban en contraataque, etc. Como titular (21 partidos), promedia 11.3 puntos y 9.7 rebotes en casi 30 minutos de juego. El traspaso de Harris a Detroit es un claro señal de la confianza que tienen ahora los Magic en él. Y su exhibición (espectáculo del bueno) en el concurso de mates le ha servido para catapultarse a nivel mediático. La prensa habla de él, los fans le conocen y eso siempre es bueno. No hay nada como destacar mediáticamente para que reconozcan tu trabajo.

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Como titular, Gordon está viviendo sus mejores días como Magic. (Foto: USA Today)

En su último partido antes del cierre de estas líneas, Gordon anotó 20 puntos y capturó 16 rebotes ante el mejor equipo del mundo ahora mismo; los Golden State Warriors. Y sí, en más de una ocasión le defendía Draymond Green. Despliegue de condiciones físicas descomunal.

Vamos con algunos datos. Se ha comentado que Gordon llegaba como un gran defensor. Un tipo móvil y ágil capaz de defender a aleros y ala-pívots. Y Orlando se resiente de esa polivalencia y agresividad cuando no juega. Sin él en pista, los Magic encajan 104.5 pts por cada 100 posesiones. Con él, se reduce a 102.3 pts/100 pos. Son sólo dos puntos dirán muchos. Y es cierto, pero no olvidemos que el rating defensivo no depende exclusivamente de él. Se involucran a los 4 jugadores con los que comparte pista. Si nos centramos exclusivamente en el sophomore veremos que su atacante empeora siempre sus porcentajes cuando le defiende Aaron. Los rivales, en estadística general de toda la temporada, tiran un un 4% peor cuando Gordon está cerca, pero ya veremos que todo ha cambiado (para bien) en este mes de febrero. En lanzamientos cercanos a canasta (dos metros o menos) el promedio de los jugadores es del 60% (acostumbran a ser bandejas o tiros relativamente fáciles) y Gordon consigue rebajar esos datos hasta el 51.8%. Lo mismo ocurre con lanzamientos desde tres metros o menos. La media NBA es del 54.7%, si Gordon les defiende los números bajan hasta el 47.9%. Así pues, en medias generales de toda la campaña, ya vemos que Aaron es un buen defensor. Pero si focalizamos solo sus stats defensivas en el mes de febrero, mes en el que ha gozado de titularidad y minutos para explotar, los resultados son demoledores. En los tiros a menos de dos metros del aro Gordon ha conseguido reducir el 60% estándar de la liga a un 41.5%, es decir, cuando el ex Wildcat ha protegido la pintura en el mes de febrero, los rivales han tirado un 19% peor de lo habitual. Lo mismo en lanzamientos a tres metros o menos, donde en este segundo mes del año ha reducido casi en un 18% el acierto de sus rivales. Salvaje. En este febrero, si sumamos todas las posiciones de campo, los rivales tiran un 10.5% peor cuando Gordon está cerca. Muy chocante con el 4% que promedia en toda la temporada, y es que los minutos y la confianza provocan cosas como esta.

Es un hecho que cada vez se juega más rápido en la NBA. Es una tendencia imparable que nos indica que el juego está cambiando. Sin embargo, los Magic son uno de esos equipos que no acaban de desplegar sus armas de velocidad. No son los Jazz o los Raptors (menos de 96 posesiones por 48 minutos), pero tampoco son los Celtics o los Warriors (más de 101 posesiones/48min. Están en la zona media, en 97.82 pos/48min. Sin embargo, en los quintetos de Skiles en los que está Gordon, el ritmo de Orlando aumenta exponencialmente. El segundo quinteto más utilizado por Skiles (Payton, Oladipo, Fournier, Gordon y Vucevic; lo que viene siendo el cinco titular desde la marcha de Harris, vaya) eleva sus números hasta superar las 102 posesiones/48 minutos. No es su tope. El formado por Payton, Oladipo, Hezonja, Gordon y Vucevic juega a 102.63 pos/48min y pulveriza a sus rivales: 113.7 pts de eficiencia ofensiva y un defensive rating de 96.7 pts. Es cuestión de tiempo que Skiles dé más continuidad a esto. Dejar que corran los jóvenes en estos tiempos modernos y, sobre todo, soltar el bozal de jugadores como Gordon o Hezonja (esto ya será más difícil).

La verdadera carrera de Gordon acaba de empezar y, mates y highlights aparte, nos dejará un buen sabor de boca a todos. Desde aquí abro las inscripciones para subirse al carro de Aaron. No dudéis, insensatos, que todavía estáis a tiempo. Después ya será tarde. Y no olvidemos, Aaron Gordon sólo tiene 20 años.

PD. Cosas de la vida, a Gordon se le ocurrió volar cuando este artículo ya estaba cerrado. Así que dejaremos aquí su última barbaridad.

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